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Estaciones

En el susurro del crepúsculo, donde las sombras danzan y juegan un camino secreto se abre, donde los sueños comienzan Una flor brota, sus pétalos suavemente brillantes desplegándose como un sueño en la luz de la luna La primavera despierta, y con ella la esperanza verde y renovada, como los brotes que nacen El amor florece, como una rosa en el jardín Pero la pérdida acecha, como una sombra que nos sigue Y el verano enciende entonces el fuego de la pasión Pero el otoño insinúa secretos, y el corazón escucha La libertad llama, como un pájaro que vuela alto Pero el miedo a soltar nos mantiene atados El invierno trae el silencio, y la oscuridad reina Pero en el hielo, una semilla escondida echa ahora raíces esperando el despertar de la primavera para florecer de nuevo Y en el corazón, una chispa permanece, una luz guía Y así, en el ciclo de la vida, amor, pérdida y libertad se entrelazan en un baile eterno, donde el corazón late y se renueva en la misma gloria elástica Entonces oh tú, viej...

Lázaro

Yo vivía. Yo vivía en mi casa con mis hermanas Marta y María y éramos todo lo felices que se puede ser. Disfrutábamos de una holgada situación económica y no nos faltaba nunca nada. Nuestros amigos y familiares siempre estaban de visita porque les apetecía venir a nuestra casa y pasar un buen rato. Y yo vivía. Por las noches, antes de la cena, decíamos nuestras oraciones con esmerada fé y Dios nos era siempre favorable. Habían casi siempre músicos en nuestra sala que ejecutaban hermosas canciones felices, porque éramos felices y respetábamos la ley y no cometíamos pecado alguno. Y yo vivía. Hasta que un día la negra muerte puso fin a mi enfermo cuerpo y también a mi vida. Sí, morí. Y me depositaron en el sepulcro entre gritos y llantos desgarradores por parte de mis familiares y amigos. Y ya no vivía. Pero mis hermanas fueron a buscar al Maestro Jesús, diciéndole: si hubieras estado aquí, mi hermano, tu querido amigo, no habría muerto. Jesús lloró. Y entonces vino y me sacó del sepulcr...

Fuentes

Las madres De niñas noches Con sus exuberantes Pechos Hinchados Acarician los cabellos Despeinados Y cantan himnos De soledad y paz Que se hagan presentes Los dioses De nuestras horas matemáticas Vengan espejos Para nuestras almas Atormentadas por fantasmas Por olvidos Por terribles resacas Hambre Agujas Nuestras memorias están sumergidas En los verdaderos Pantanos Como los Blues De los negros.

Mariana

Los oscuros ojos que gritan en las noches anoréxicas demoníacas salen de ellas fragmentos de cuentos narrados  por las voces aterrorizadas de niños muertos y la vieja costumbre de buscar & encontrar la fórmula yace en el regazo manchado de negra tinta los fieles como nosotros somos como  enfermos que roen huesos humanos y beben las palabras que sonríen en las páginas amargas como penitencias humedeciendo las secas bocas. /dedicado a Mariana Enriquez

Un Reflejo

Un reflejo mellizo de la luna sacude mi torpe imagen con los puños cerrados advierto apenas que he despertado y así mi vida mi raza mi destino me ha hecho volver de a pié desde lejos cantando como un ave que ya había olvidado su cancion después del alba entonces pensé: ¿para qué realizar proyectos? si es ya el proyecto en sí placer suficiente.

Evangelios Pulp

Atragantada la garganta, oxidada, con un extraño líquido de salado sabor en la boca; veo una mujer de santo rostro, cuerpo inmaculado & madre del mundo; la música de tus manos yo imploro que llegue, aunque sea en débil tono a mis tullidos oídos; y yo estoy acá en mi casa, como un huésped, silencioso, babeando palabritas, merecido fracaso...  no te olvides de mí, un hueco en la plegaria te ruego: un favor, como nunca antes me has negado, dime o señálame lo que quieras de mí o de cualquiera & yo lo hago; y límpiame si soy digno de estos inmundos pecados y olvidemos el comienzo; cuando me dejaste este amor de radar asombroso, yo te traje ésto, que te puede resultar tan humanamente odioso, porque sufro lo del albatros, con estas alas que pesan y pesan demasiado, como un gigante oso...  me cortaría esta garganta, pero no como el suicida, sino para que encuentren los sonidos que hacen las palabras, la salida que por boca no hallan nada. preciosa mujer que parada en mis sueño...

Alimañas

Una fruta en el cielo para nosotros es  la luna. Mi sangre hierve. Muda como una abeja ¿Quién arrojará finalmente las luces para iluminar bastante bien la fiesta? Y los paraísos urbanos recetas para comprar algo que asesine a los gusanos. Y presentarle resistencia a la villana miseria, escucho a la niña romper en llanto por enésima vez: Dios mío... ¡No te entrometas, Satanás, en asuntos que no son tuyos! Y aún así nuestras bocas abiertas nos siguen metiendo en los mismos viejos putos problemas ¿Porqué me torturas con hormigas rojas? ¿Acaso te molesto yo con mi oso Koala?